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Historia de los snacks

Saber por qué y desde cuándo los tomamos es el primer paso para buscar una solución que tan de cabeza trae a medio mundo por las consecuencias negativas para la salud que acarrea esta costumbre mal enfocada.

Hoy día, si no comes palomitas cuando estás en el cine, te sientes extraño. La mayoría de las veces, suelen ser un aporte de calorías vacías, que le añades extra de grasa e incluso azúcar. Pero ¿te has plantenado alguna vez por qué necesitas consumir estos productos cuando ves una película? La respuesta no es solo cultura, está también en que tu cuerpo puede llegar a pedirlo y el problema se puede agrandar. Según la neurología el por qué te pasa esto tiene explicación, y te la vamos dar y te facilitaremos soluciones para que no te pase más.

A principios del S XX, las salas de cina de Estados Unidos comenzaron a llenarse por de personas por un precio módico de 20 céntimos de dólar. Los espectadores, querían llenar sus estómagos para mitigar el hambre que pasaban durante las horas de película.

Con la Gran Depresión, que golpeó la economía estadounidense, los aperitivos de maíz eran una magnífica opción debido a que eran muy baratos y hacía parecer que comías mucho.

Al ver la necesidad, los dueños de los cines no dejaron pasar la oportunidad y comenzaron a negociar con los vendedores clandestinos, hasta que comenzaron a instalar sus propios puestos de palomitas.

Tras la II Guerra Mundial, es país racionó el consumo de productos básicos como el azúcar, pero no la producción de maíz. Esto hizo que aumentara más aún la popularidad hasta el punto que esta cultura llegó hasta el Viejo Continente.

Tras la llegada de la televisión el consumo de palomitas bajó, debido a que las salas de cine se llenaban menos y por ende, se consumía menos este producto. Pero allá por los años 70 llegó, llegó el microondas, que facilitó volver a consumir el preciado snack de maíz, ya no solo en el cine, hasta llegar a nuestros días.

Ahora, a parte de palomitas, consumimos muchísimos tipos de snacks, casi nunca saludables por desgracia.

Esta cultura a parte de venir impuesta, tiene un sentido biológico. A nuestro cuerpo le llama especialmente la atención la estimulación sonora del crujido, el “crunch” en inglés.

Este crunch es muy atractivo y puede llegar a ser adictivo. Si a eso le sumamos, que el producto te crea dependencia física por la alta carga de azúcar y sal que contienen, se convierte en la combinación perfecta para que acudas rápidamente a este tipo de snacks o picoteos, para nada saludables, para saciar ese deseo que te has creado tú solito.

Y ojo, que también tiene mucho que ver el cerebro y podrías tener una dependencia que desconocías, pero estúdiate y la identificarás. En neurología hay una técnica que se denomina “anclaje”. Esta técnica es la que usaba el fisiólogo ruso Iván Pávlov con sus perros con el mero hecho de tocar una campanita, conseguía producirse salivación y hambre, porque asociaban este sonido a la comida. Exáctamente el mismo anclaje nos lo podemos crear nosotros viendo una serie de Netflix o tu película favorita.

Cuando quieras darte cuenta, quizás ya estés como los perros de Pávlov y necesites este crunch o snack crujiente, haciendo que cada vez necesites más, provocándote efectos indeseables para tu salud.

Te proponemos alternativas, para que modules este anclaje y lo aproveches para hacer una alimentación saludable casi sin darte cuenta…

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