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¿Qué ha pasado diferente en estos últimos años para que haya aumentado tantísimo la obesidad, batiendo récords históricos y no deje de crecer?

HAMBRE Y CEREBRO (III)

Espero que hayas hecho los deberes y hayas “dado caña” a los engranajes para plantearte posibles respuestas y hacerte más preguntas. En el post dedicado al planteamiento acerca de temas que se están pasando por alto en la nutrición te propuse que te hicieras una pregunta:

 ¿Qué ha pasado diferente en estos últimos años para que haya aumentado tantísimo la obesidad, batiendo récords históricos, y no deje de crecer?

Habrás pensado “¡¡Pues la falta de ejercico y el sedentarismo!!”. Los medios de comunicación ya se han encargado de bombardearnos con esa información una y otra vez. No es la respuesta, pero tampoco me voy a centrar en ello en este post en el que pretendo dirigir todas mis energías a otro punto mucho mas relevante: el cerebro. Desmentiré en otro post el mito del ejercicio.

Trataré de removeros un poco más la conciencia:

¿Os habéis planteado alguna vez qué es el hambre? ¿Realmente habéis sentido la verdadera sensación de hambre alguna vez?

El lector supondrá que hambre son las ganas de comer. Una vez más, discrepo.

Abstraeros un poco de nuestros tiempos y pensad en nosotros como especie abriéndonos camino entre el resto de las especies en la batalla más dura que existe: la naturaleza. El hambre es el motor de la evolución y la fuerza de la naturaleza más poderosa que existe, capaz de hacer cualquier cosa con tal de seguir dando a tu organismo la energía y nutrientes que te está pidiendo.

image003En los países desarrollados, la gran inmensa mayoría de la población, no sabemos lo que es tener hambre. Estar buscando alimentos, días y semanas, sin tener absolutamente nada que comer. Es en ese momento en el que notas tu verdadero instinto animal, en el que se toma conciencia de especie, en el que existe un único objetivo: sobrevivir.

Ésto obviamente es impensable en nuestro mundo desarrollado hoy en día. Estamos acostumbrados a ir a los supermercados y encontrar el alimento que queramos y mil tipos diferentes de éste.

Volviendo a nuestros orígenes y haciendo alusión a nuestra genética, imaginemos a un hombre del paleolítico, acostumbrado a cazar y comer lo que puede cuando puede, que viaja en el tiempo y se da un paseo por el supermercado. Biológicamente, no podría asimilar la comida y mucho menos las adulteraciones a las que sometemos los alimentos tras llegar a manos de las grandes superficies.

Uno de los grandes culpables de la obesidad en nuestros días es que el ser humano ya no tiene que buscar la comida para vivir y no se alimenta para éllo. Ha llegado un momento en que nuestra especie se alimenta por mero placerSaciar el hambre es bueno que genere placer, pero éste no es su objetivo. El objetivo de saciar el hambre es transmitir que ya le hemos dado a nuestro organismo los nutrientes y la energía que necesita.

image005Además, los fabricantes se están encargando de fabricar alimentos cada vez más adictivos, con más azúcar. Cada vez necesitamos mas cantidad de alimento para alcanzar el placer que teníamos antes con menos. ¡¡Y NO ESTÁ REGULADO!!

Esto desajusta nuestro cerebroel ordenador central de nuestro organismo. Provoca adicciones que buscan más cantidad de alimentos y cargados cada vez de más sustancias que le provoquen el placer que le provocaban al principio. Cada vez más azúcar. En los supermercados ya nos lo meten hasta en los productos que menos imaginamos. En otro artículo comentaré cómo nos engañan con el azúcar en los alimentos.

Así pues, ahora no eres feliz con lo que comías, comes más y con poca o ninguna sensación de saciedad, a no ser que comas hasta casi no poder moverte. Una de las afecciones principales de los pacientes obesos es la sensación aguda de ansiedad. ÉSTO NO ES NORMAL. Lo vemos todos los días en las calles.

Consejos:

No se trata de comer para adelgazar o para quitarte el hambre. Come para nutrirte. Tu cuerpo eliminará lo que le sobre cuando esté nutrido. Así lo procesará tu cerebro.

Encárgate de hacer bien la digestión y dale a tu organismo lo que necesita para regularse .

Reduce tu estrés. Hará que proceses mejor los alimentos.

Descansa. Dale un respiro y momento de desconexión durante el día a tu cerebro y duerme bien.

Encuentra aquello que no te deja relajarte y elimínalo. Cuida tus emociones.

Come bien. Para ello hace falta que leas etiquetas, que sepas lo que comes, que sepas lo que te nutre. No te dejes engañar por los envoltorios o por la publicidad vacía.

Todos estos consejos son unos consecuencia de otros y el único modo de cuidarlos es que te dejes guiar ya que todos y cada uno de los puntos son complejos pero tratables.

“Cuida tu mente y estarás cuidando tu cuerpo.”

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